Y llegaste tú…MI TERCERA TRASTILLO

Y llegaste tú…MI TERCERA TRASTILLO

Estoy viendo fotos para intentar no dejarme ningún sentimiento, pero tengo claro desde el principio que describir con palabras tanto va ser imposible.

Esta historia comenzó quizá al comienzo de la llegada de tus hermanos, estaba inmensamente feliz y disfrutaba con ellos, quien me conoce lo sabe; pero me sentía incompleta, y a quien me preguntaba siempre le decía lo mismo: quería tener otro bebé, quería que fuerais tres trastillos; ante el asombro de todos y ofuscación de otros.

Estando sin el periodo desde que me quedé embarazada del primer trastillo, con un sangrado de implantación que pensé que podría ser el retorno de este, llegaste tú. Estabas dentro de mí, creciendo en silencio. Algo me lo decía, quizá el vientre abultado y duro, la sangre en las encías (como con mini trastillo me pasó) o las ganas que tenía de que existieras. Una madrugada como esta, estaba escribiendo en este mismo blog la carta de adiós que dediqué a mi Lala querida para tenerla siempre cerquita. Había comprado un test rudimental, no me hacía falta el “más mejor” como en los otros inexpertos embarazos. Y después de escribir esa entrada, con el beneplácito de ella desde el cielo, quise saber si eras real. Que nervios cuando lo ví. Y sin podérselo decir a nadie a esas horas.

Quería esperar a decírselo al papá Trasty, tenía un examen muy importante para él -bastante complicado- para ser piloto de ultraligeros, que era un sueño para él. No sabía si le distraería estando tan próximo. Al final no podía esperar, imprimí una foto con las caritas de tus hermanos en un montaje muy gracioso de Super Mario, que podrás encontrar entre nuestras fotos, y le puse por detrás que volveríamos a ser papás. No pude planear su reacción, simplemente me dejé llevar, incertidumbre y miedos como yo, llevado de otra forma. Dice que cuando llegó al trabajo esa noche, sacó una lata de CocaCola y le salió el nombre de “Paula” ¿sería una señal?

Después fui contando la noticia a nuestros más allegados, quería hacerlo de forma personal, nada de mensajes de whatsapp ni redes sociales, eras demasiado importante para eso. Muchos volcaban en mi todos sus miedos e inseguridades. Justo coincidió con un periodo de salud horrible, el peor que recuerdo en mi vida; una tos imparable que cada día se me hacía imposible llevar por el dolor muscular que arrastraba, probando todo tipo de remedios -aptos para embarazada-, que ninguno funcionaba: homeopatía, infusiones, vahos,…los médicos sólo me mandaban paracetamol y agua, hasta que di con uno (lo recuerdo como mi salvador) que al contarle que llevaba 2 meses con esa tos que iba a peor por días me recetó un antibiótico que me curó. Trabajaba y vivíamos en Ávila los trastillos y yo, el papá Trasty en Madrid; se me hacía imposible agacharme del dolor para acostarlos o cogerlos, fue una época bastante dura. Además perdí el hambre, con ello las ganas de cocinar, pero debía hacerlo lo mejor posible por esos dos trastillos que merecían no notar nada y ser el máximo de felices. Lo conseguí.

Comencé a ver la luz al comienzo del tercer trimestre, ya todo fue rodado, disfruté mucho de ti y de tu embarazo, no me diste ninguna guerra. Me gustaba sentir como te movías, cómo crecías por semanas. Todo muy relajado. Las mínimas visitas a los médicos para los controles rutinarios y una baja maternal muy temprana que me permitió disfrutar de tus hermanos.

Ya sabía de los partos sin epidural de los dos anteriores, por lo que quería tenerte en el Hospital de Torrejón, era el más respetuoso del que había escuchado hablar. Como el proyecto de este curso con la baja maternal era vivir en Madrid, no nos pillaba lejos del Ensanche de Vallecas que era donde vivíamos, pero al no tener a nadie cercano disponible, era una historia que negociamos mucho tu papá Trasty y yo. Él (y los abuelos) preferían que nacieras en Ávila por comodidad. Era mi último parto, y como en los anteriores en ese hospital no me trataron muy bien, no quería arriesgarme. Además de toda la demás infraestructura: tu hermanito en el cole de Madrid, del que no me quería separar, toda la ropa y nuestras cosas en Madrid, nuestra rutina…era demasiado. Acordamos intentarlo en Torrejón si todo iba bien. Hice todos los papeles para el traslado de médico, la primera vez en mi vida que lo hacía, para que me correspondiera el Hospital de Torrejón. Fuí a la visita guiada, de la que salí encantada (os lo cuento aquí), me recomendaron que al menos una visita al ginecologo y a la matrona para que tuvieran todos los informes y datos actualizados, estaba de unas 35 semanas por lo que me dio tiempo; en ese hospital hasta la semana 42 no hacen monitores, dejan que el cuerpo hable.

En general este embarazo ha sido mucho más relajado, la bolsa del hospital creo que la preparé de forma muy escueta ese mismo día de contracciones, salí con la misma ropa que entre, y los productos de higiene personal te los facilitan en el hospital. Tampoco preparé carrito, siempre irías porteada. Nada adicional, ya sabía que solo nos necesitaríamos la una a la otra, y a nuestra familia.

Otra cosa fascinante fue una constante en este embarazo, de principio a fin, la idea de la gente de que quería tenerte por tener una niña (“¿tú que pasa, que hasta que no tengas una niña no vas a parar?” fue el comentario más grosero que me hicieron) se repetía día tras día, en conocidos y desconocidos cuando me veían embarazada y acompañada de tus dos hermanos. Me enfadaba un montón. Por eso no quise desvelar tu género hasta que llegaste a este mundo. Parecía que era lo único importante.

El momento del parto, no puedo describirlo de otra forma más que “maravilloso” o “de ensueño”, lástima que la incertidumbre no deje disfrutarlo del todo hasta que pasa. Prefiero extenderme contando cada detalle en otra entrada con el comienzo de tu lactancia (dejaré el link aquí cuando lo haga)

Y ya han pasado 5 meses y medio desde que llegaste al mundo, desde que te recibí desde mi cuerpo erguido y te abracé. No nos hemos separado desde entonces. Aquí en Madrid, en nuestra burbujita con nuestra bonita familia, somos muy felices creciendo juntos. Inmensamente feliz de alimentarte con mi pecho mientras que te acaricio. Viendo como cada día nos miras y nos reconoces más, cómo nos buscas con tu mirada, y si te la devolvemos nos sonríes, y sino lo hacemos te quejas. Viendo como cada día balbuceas sonidos que algún día serán palabras, y tus hermanos se emocionan pensando -a grito pelao’- que has dicho “si” o “agua”. Viendo como tus manitas son cada vez más hábiles y han pasado de ir a tu boca para conocerlas a llevarse mi mano a tu boca para morderme con esas encías tan lindas y dejarme todas tus deliciosas babitas. Me encanta el olor a leche en tu boquita cuando espiras, o el olor de esos vomitillos -con las marcas en mi ropa que conllevan- o incluso de tus caquitas de leche; sé que todo esto en breve se terminará, cuando comiences a comer, pero hasta entonces te estoy saboreando intensamente, y espero hacerlo en cada etapa que emprendamos. Siempre se quedarán para mi estos recuerdos, ojalá pudiera guardar tu olor en un botecito hermético, para llevarlo siempre conmigo, porque las fotos no me valen, nunca son suficientes. Estas creciendo demasiado rápido, supongo que es la percepción de la vida con dos hermanitos más, pero esta siendo una experiencia mágica; me estas enseñando un montón, porque no imaginé poder quererte así, poder quereros así. INTENSO.

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